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DESATAN EL MIEDO PORQUE TIENEN MIEDO

DESATAN EL MIEDO PORQUE TIENEN MIEDO

Columnista Invitado: Jorge Rojas Rodríguez / Periodista, defensor de derechos huma­nos, ex Secretario de Integración Social, ex director de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES)

Si Castro chavismo es usar organismos de control para inhabilitar candidatos y cercenar derechos políticos, utilizar la Fiscalía para perseguir opositores, llenar las cárceles con disidentes (Leopoldo López y Corina Machado en Venezuela, Gustavo Petro, Piedad Córdoba y Carlos Caicedo en Colombia), entonces Colombia hoy es tan castrochavista como Venezuela.

Es tanto el miedo que la clase polí­tica tradicional le tiene a Gustavo Petro que han desatado una guerra sucia para provocar el temor de los electores y cambiar la tendencia que sitúa al exalcalde de Bogotá como futuro presidente de Colombia. Tan pronto se conocieron los resultados de la última en­cuesta de Invamer, en la que Petro lidera la intención de voto con un 23.4%, líderes de la clase política y medios de comunicación a su servicio profundizaron la guerra sucia.

Petro se ha mantenido en los últimos 9 meses como el candidato que lidera todas las encuestas y se está consolidando como un fenómeno político en todo el país. Como ya no es posible ignorar su favorabilidad, vuelven con la misma estrategia del miedo que usaron en el plebiscito por la paz, pero esta vez con la intención de evitar que Petro sea presidente.

El caballito de batalla es el mismo refrito del “Castro chavismo” y la idea de que Petro va a convertir a Colombia en Venezuela. Hoy le agregan la noticia falsa de que Petro es el candidato de las Farc y de Santos y que esa candidatura fue pactada en la Habana. El candidato de Cambio Radical, German Vergas Lleras, anuncia que hará “hasta lo imposible” para evitar que Petro gane y el expresidente Álvaro Uribe intenta, irresponsablemente, asociar a Petro con el terrorismo y las acciones violentas en el país

El asunto es que esa es una campaña sucia que se basa en verdades a medias y postverdades, es decir, en mentiras y mensajes falsos, que ya están circulando en las redes y que se van a incrementar en los próximos días.

Por eso la revista Semana -uno de los medios que contrató la encuesta de Inva­mer- afirma en su nota central que Petro polariza, toda vez que “tiene seguidores firmes y significativos en número, pero también protagonistas que lo ven como un peligro, por radical y castrochavista, un temor que siente el 58.3% de los encues­tados”. Semana concluye en su artículo editorial que “ese perfil no le garantiza llegar a la segunda vuelta, pero sí un papel de protagonista de primera línea en la campaña”.

En el mismo sentido se publica una columna de Miguel Ceballos en la que afirma que Petro “no ha ocultado sus simpatías con el modelo chavista” y relaciona este hecho (que da por cierto) con la respuesta de los encuestados sobre el miedo que genera la posibilidad de que Colombia se vuelva una dictadura como la de V enezuela.

Si el profesor Ceballos hubiera consultado con rigor otras fuentes, se habría enterado del duro cuestionamiento que le hizo Petro a Chávez en septiembre de 2012 por la decisión del gobierno de Venezuela de denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos. En ese mismo mes, hubo una fuerte reacción en Caracas por la decisión del entonces alcalde de auspiciar y convocar en Bogotá una reunión continen­tal en defensa del Sistema Interamericano de Derechos Humanos3.

El profesor Ceballos también debería saber que, en 2015, Petro enfrentó en Cochabam­ba, Bolivia, a los presidentes del “socialismo del siglo XXI”, Nicolás Maduro de Venezue­la, Rafael Correa del Ecuador y Evo Morales de Bolivia, como representantes de “un viejo socialismo depredador” y les exigió “superar el modelo petrolero en América Latina y desfosilizar el pensamiento y la acción, para así ayudar a la humanidad a superar el c ambio climático”

Resulta paradójico que el modelo depre­dador de desarrollo que por décadas ha imperado en Venezuela, basado en la renta petrolera y profundamente permeado por la corrupción, es el mismo que por años se ha implementado en Colombia. Un efecto de esta economía es el deterioro de la producción agropecuaria. Ambos países importan buena parte de los alimentos que consumen (en 2014 Venezuela importó alimentos por un valor de 6.861 millones de dólares, mientras que Colombia pasó de 2.640 millones de dólares en 2007 a 5.141 millones de dólares en 2014). Petro, en cambio, propone democratizar la tierra, el saber y fortalecer la cadena de comercialización para potenciar la producción agrícola campesina y garantizar la soberanía alimentaria del país.

La propuesta de Colombia Humana es superar esas economías fósiles, transitar gradualmente hacia energías limpias, impulsar la industria y la producción agropecuaria y hacerlo desde la inclusión y la equidad social.

Ahora bien, si castrochavismo es usar organismos de control para inhabilitar candidatos y cercenar derechos políticos, utilizar la Fiscalía para perseguir opositores, llenar las cárceles con disidentes (Leopoldo López y Corina Machado en Venezuela, Gustavo Petro, Piedad Córdoba y Carlos Caicedo en Colombia), entonces Colombia hoy es tan castrochavista como Venezuela.

El programa de gobierno de Petro es una hoja de ruta para transformar a Colombia profundizando la democracia, asumiendo la defensa y el fortalecimiento de lo público y con respeto por la iniciativa privada, con justicia social y ambiental y con plena responsabilidad frente a las generaciones futuras que merecen una era de paz.

El odio y el miedo irrumpen en una campaña que apenas comienza, una campaña que se debate con más pasiones que argumentos. No obstante, queda flotando la pregunta sobre el impacto real de esta estrategia del miedo en los electores, porque las encuestas y la respuesta en las calles de un candidato como Petro están demostrando que la gente “no traga entero”, que es tal el desprestigio de la clase política y el asco que produce la corrupción, que podría ocurrir una ruptura entre las ciudadanías y las roscas políticas que han ostentado el poder en los últimos cien años.

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